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Buitrago de Lozoya. Lo que no hay que hacer

Cuando las cosas salen bien, o muy bien, es fácil atribuirse a uno mismo el triunfo. Si las cosas salen regular o mal, habitualmente se echa la culpa a otros junto al consabido “es que”, “pensé que”.

Tengo gran aprecio y respeto por todos los chicos y chicas que ponen su confianza en Patrimonio para jóvenes y me gusta devolver esa confianza con visitas “deluxe”, muy cuidadas y muy apropiadas en forma y contenido para el grupo que asista.

Nada de esto ocurrió en Buitrago de Lozoya, en su momento me disgusté, me enfadé incluso y como era fin de curso y estaba muy, pero muy cansada, no quise escribir sobre esta excursión para no seguir cometiendo errores. Ahora pasado el tiempo, puedo hacer un breve comentario, me servirá para releerlo y recordar la experiencia para aprender, y espero que os pueda
servir de ayuda en algún momento a los que estáis dedicando unos minutos a la lectura de este post. 
Primer error: La precipitación al leer la información.

Confundí las visitas guiadas de la oficina de turismo con las “visitas en restauración” al castillo. Di por hecho, que iban unidas, y yo misma me hice el lío y propuse a los chicos una cosa por otra, cuando en realidad eran cosas bien distintas. 

Segundo error: No hacer la visita yo primero o no haber mandado hacerla a Sofía P. Cano Laso encargada de Patrimonio para jóvenes en Madrid.

Nunca, nunca, nunca, NUNCA hay que organizar una visita para llevar a otros si no se ha supervisado primero. No por desconfianza hacia los guías o respecto a la persona que reciba. Es que hay que adaptar muy bien la actividad al perfil de gente que participa. No valen en Patrimonio para jóvenes las visitas estándar, para eso, para coger una web, marcar un teléfono y apuntarse a una visita, no hace falta Patrimonio para jóvenes.

 

Distingue al proyecto personalizar las visitas y adaptar los contenidos, y si no, las cosas no salen. Tenía que haber dicho a Sofía:  si no tienes tiempo para hacer la visita tú primero, no lleves a gente.

 

Hay que tener presente que las fotos son para un blog, para este blog, con lo cual necesitan recoger los distintos momentos del día, no solo un rato. Tienen que tener un sentido, un valor de relato.  Yo debía haber hecho esta advertencia y no la hice. 
El resultado de esta visita, por las anotaciones que me llegaron de Sofía, fue, en resumen, el siguiente.“Lo hemos pasado bien, pero la visita ha sido muy discreta”. El enclave de Buitrago, el recinto amurallado y el castillo (que no pudimos ver por dentro) es lo más interesante. Y añado: ahora hay unas visitas a la restauración del castillo consultad en La Vanguardia/Madrid.

La iglesia de Santa María del Castillo, solo conserva de su construcción original los muros exteriores, una torre mudéjar y una puerta isabelina. El interior fue restaurado por jóvenes de la escuela taller de San Fco. de Asís, institución para ayudar
a chavales con problemas.
Como sorpresa, un pequeño museo dedicado a Picasso con las obras que a lo largo de los años regaló a su amigo y barbero Eugenio Arias. El museo me lo describió Sofía como pequeño pero entrañable.
Resumen de la visita: “hemos pasado un buen día, pero no ha respondido a las expectativas que teníamos”. Y yo solo
puedo pedir disculpas a quienes asistieron. Y también puedo aprender, y eso es lo mejor y con eso me quedo para que no se repita. Hasta el próximo  día.

 

 

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2 Comentarios

  • Responder
    Ariel Barrios
    12/10/2014 at 23:59

    Me pareció muy valiente compartir tu experiencia negativa. Sin dudas el éxito tiene más componentes de errores que de aciertos, así ganamos en experiencia y crecemos. Es muy buena tu iniciativa de patrimonio cultural para jóvenes. Saludos

    • Responder
      Patrimonio para jóvenes
      13/10/2014 at 10:13

      Gracias Ariel por tu atención. Compartir errores supone ser prácticos, primero de todo para aprender de ellos como tú bien dices y también hay una cuestión de credibilidad. Nadie se cree que los proyectos sean un éxito y un gozo contínuo. La vida tiene sus luces y sombras. De todas maneras, procuro no exaltarme demasiado cuando algo sale muy muy bien o una gestión sale redonda. Ni darle demasiada importancia ni entristecerme en el caso contrario. Éxitos y fracasos tienen su propia dimensión y esa se mide con el tiempo. No con el estado de ánimo del momento. Un fuerte abrazo desde España

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