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José Luis Martínez Arce

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En el Monasterio de Santa María de El Paular

 

ALGUNAS CONSIDERACIONES PREVIAS

En el verano del 2021 y de común acuerdo entre la dirección de Patrimonio para jóvenes, echamos a andar el programa de becas “Monasterios; pasado, presente y futuro”. ¿en qué consiste ese programa? Cada año, uno de nuestros asociados/a con una formación académica distinta, recorre una serie de monasterios. Vive en las hospederías que regentan las comunidades, participa en algunas horas litúrgicas y en la Eucaristía, pasea y recorre la zona, el paisaje circundante etc.

Luego recorre otros edificios que fueron monasterios y ve los nuevos usos; hoteles, centros culturales, colegios, residencias de ancianos, ruinas… , ruinas en proceso de recuperación etc.

¿Qué pretendemos con esto?

Que los jóvenes sepan de la existencia de estos lugares. Si, saber de su existencia lo primero. Nos encontramos con varios, de distintas universidades y procedentes de distintos colegios, públicos y privados, que no conocían la existencia de lugares como la Cartuja de Miraflores. Por poner un ejemplo.

A menudo se les echa la culpa o hay quejas sobre todo lo que no saben. Exactamente ¿qué y cómo se les enseña? Todo esto daría para otra entrada. 12 años de andadura de Patrimonio para jóvenes da para mucho. Estudiantes de Historia y Gestión de Patrimonio desconocen el concepto de Paisaje Cultural y desconocen este ejemplo de El Paular en la Sierra de Guadarrama

Después de saber de la existencia, se les anima a entender las vidas de las comunidades, su razón de ser, carisma, perculiaridades,  la construcción en función del uso, las circunstancias, los cambios… y como nuestra primera becada dijo, “los monasterios son las ave fénix de piedra”. Estados de esplendor, ruina y recuperación se han visto una y otra vez a lo largo de los siglos. Tratamos también de ayudarles a vivir una experiencia y hacerse una pregunta ; ¿ Cual era mi idea preconcebida sobre las comunidades de vida contemplativa y qué gente he encontrado?

 

Se pide también que hagan un análisis de webs, de comunicación, de comparación del estado de las hospederías y en fin todo lo que quieran considerar. Hasta ahora, han participado dos chicas. Lucía Ruiz Ullate estudiante de Arquitectura en la Universidad de Navarra, y Ana Zabalegui estudiante de Historia y Gestión de Patrimonio en la Universidad Pública de Navarra.

Ahora mismo es José Luis M Arce de Madrid, graduado en audiovisuales por la Universidad Francisco de Vitoria, quien hace su recorrido. A principios de año él mismo publicó en este blog su artículo y fotografía resultante de su estancia en el Monasterio de Los Caídos y es el autor de todas las fotos menos de los dos carteles que aparecen al inicio. Tampoco son suyas estas en las que aparecen Lucía y Ana.

Entre Lucía y Ana recorrieron Oseira, Tulebras, Arizkun, Castil de Lences, San Pedro de Cardeña, Las Huelgas, Veruela, Santa María de Rioseco, Irache, La Cartuja de Miraflores y el Monasterio de La Oliva.

 

         Un viaje en imágenes

En septiembre, será José Luis quien tenga que contarnos la experiencia de su viaje. Un viaje conjunto de muchos, que como cada año y desde Patrimonio para jóvenes, pretendemos que sea una vivencia pausada, abierta a los interrogantes, a plantearnos por qué desconocemos la riqueza paisajística, cultural, el patrimonio material e inmaterial que tan a mano tenemos y que es parte de nuestra identidad.

José Luis está conociendo a monjes, no en abstracto, personas con nombre y apellido que un día tomaron la decisión de la vida contemplativa, personas con una biografía, una filiación, un lugar de residencia, unas aficiones y aspiraciones que un día cambiaron.

 

Conoce también espacios que hay que cuidar, de distinta titularidad (mucha gente se cree que son propiedades de las comunidades y en muchos casos no es así), hay que restaurar, difundir, y darles viabilidad.

Pararse a fotografiar algunos elementos como los que se ven en este artículo, supone pararse a mirar, a intentar entender, a contemplar y en definitiva a pensar.

 

         Otras realidades.

Cuando se han conocido los monasterios en pleno uso y función, se accede a edificios que lo fueron y tienen otros usos con otra mirada. Con la de la experiencia personal, no con clichés y estereotipos. No con afirmaciones tajantes y facilonas.

Entonces, con mirada crítica, los jóvenes que viven estas experiencias pueden valorar, debatir y proponer sobre los modelos en los nuevos usos de antiguos monasterios. Y disfrutar del remanso de paz de los que siguen teniendo su uso y función, de los que siguen existiendo con su razón de ser primordial; la vida contemplativa, que no es para nada una vida pánfila. Que se lo pregunten a José Luis. Damos las gracias a toda la comunidad de Santa María de El Paular por la disponibilidad y el cariño con que nos han atendido en todo momento.

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A propósito de los monasterios. Más allá del valle

Más allá de uno mismo

Siempre es un placer presentar en el blog una entrada escrita por uno/a de nuestros participantes.
Escribir supone pensar y repensar sobre lo vivido, sobre lo que se quiere contar y por qué se quiere contar. Narrar una vivencia supone el riesgo de mostrarse ante los demás, riesgo que no todo el mundo está dispuesto a asumir. 
José Luis Martínez Arce, Madrid, 24 años se ilusionó con lo que le propuse. Ser la nueva avanzadilla del 23 en nuestro trabajo sobre monasterios. Fue solo, en invierno, y dispuesto a escuchar, a observar y pensar más allá de los discursos, los ruidos y las contiendas políticas y debates de moda. 

José Luis se atrevía con todo lo que sugiere el silencio que no acomoda, sino que interpela. Fruto de aquellos días es este relato. Aquí va 

 

     MÁS ALLÁ DEL VALLE  (Por José Luis Martínez Arce )

Existe un lugar entre el Escorial y Guadarrama que difícilmente pasa inadvertido a los ojos de la gente. Un espacio  marcado por tabúes y mistificaciones que siguen hasta nuestros días. Hablo del Valle de los Caídos, un monumento erigido en 1958 con el principal objetivo de unificar bajo el símbolo de la cristiandad a una España que había quedado dividida por la guerra.

Objeto de controversia y confrontación política en los últimos años, pareciera que se ha olvidado su razón de ser primera, la espiritual. Y es ahí donde me quiero centrar. En estas lineas voy a contar  mi experiencia conviviendo con los monjes de la Orden Benedictina que allí habitan.

En invierno, entre semana, sin turistas. 

Llegué un lunes 12 de Diciembre, rodeado por un silencio y una niebla  casi perennes en esas latitudes. No pude evitar hacer alguna foto en los alrededores antes de mi encuentro con el fraile hospedero  en la abadía.

Después de realizar un breve tour por las distintas estancias, me instalé en mi habitación con la extraña sensación de haber viajado varios siglos atrás en el tiempo. Y es que la arquitectura del lugar junto a la onírica atmósfera que allí se respiraba me transportaban a una época medieval.

 

Me pusieron  al día de los horarios y rutinas que seguían para poder participar de aquellas que quisiera. Básicamente estas se componían de los rezos en la capilla acompañados del mítico canto gregoriano, la misa litúrgica abierta al público y los recreos donde poder conversar. Además de esto, también dedican buena parte del día al estudio de disciplinas intelectuales tales como la filosofía y la música.

 

Durante la tarde pude conocer al prior del Valle así como a otros de los monjes que allí conviven, entre ellos , un joven de 23 años que junto con el hermano hospedero, son  con los que más trato tuve.

 

Me suscitaba gran curiosidad el poder conocer de cerca la forma que tiene un monje de entender la vida en pleno siglo XXI. Y es que desde el principio siempre tuve una pregunta rondándome la cabeza: ¿qué le conduce a un hombre a apartarse de la sociedad para llevar una vida de  de clausura? Sobre todo en una época donde los lujos y comodidades están a la orden del día.

 

Me explicaba que el principio de “Ora et labora” junto con el de la austeridad son una parte fundamental de la Orden Benedictina, y que pese a vivir de ese modo, se sentían muy libres; una libertad que no depende de bienes materiales. Esto me hacía reflexionar sobre el concepto de cárcel y cómo los barrotes muchas veces no son físicos sino mentales.

 

Hablamos de diversos temas tales como la situación política y social actual, las artes o la historia, pero sobre todo hablamos de espiritualidad, que de alguna manera es lo que subyace a todo lo demás. La espiritualidad entendida como todo aquello que hace referencia al espíritu y se sale del marco de lo puramente racional.

Nunca es fácil abordar un tema tan abstracto y personal como este. Por añadidura estaban las diferencias que pudiéramos tener respecto a la forma de experimentar la espiritualidad,  pero si que coincidíamos en ciertos puntos muy relevantes.

Materia y espíritu

La conversación giraba en torno a la lucha eterna entre el mundo de la materia que estaría representado por la serpiente, y el mundo espiritual representado por el hombre y su voluntad. Una lucha que se empieza librando dentro de uno mismo y que tiene su eco en el mundo exterior.

También comentábamos la situación espiritual de la sociedad actual, y del predominante estado de embriaguez materialista en la que está sumida, quedando alejada de toda conexión con lo divino en cualquiera de sus representaciones.

Pensamos que era necesario trabajar el desapego para trascender la materia. Vivir con los pies en la tierra pero con visión sobrenatural, como receta para tomar  las riendas de tu propia existencia. Y es que el camino espiritual es una senda vital que cada uno recorre en soledad con sus luces y sombras.

Más allá de los ruidos de la mente y de los constantes estímulos a los que estamos sometidos existe un espacio dentro de cada ser humano despojado de toda capa de superficialidad esperando a ser descubierto.

Quería terminar dando las gracias a la Asociación Patrimonio para Jóvenes por brindarme esta oportunidad así como a los monjes por su hospitalidad y atención. Ha sido una muy grata experiencia de aprendizaje y crecimiento personal que nunca olvidaré.